Antonio Ballesteros

El peón negro

Eugenia López Muñoz

Barcelona: Espasa, 2012. 547 páginas.

Uno de los principales problemas de la llamada “literatura popular” actual, plasmada fundamentalmente en el bestseller, es su escasa valoración estética por parte de una destacable mayoría de críticos pertenecientes al ámbito universitario y académico, y de no pocos gacetilleros que redactan impunemente sus sesgados juicios en los suplementos culturales al uso. No se dan cuenta de que no se puede luchar contra los gustos de los lectores, que, al fin y a la postre, y por mucha manipulación mediática que exista —que existe— son los que determinan qué les apetece leer. Con frecuencia nos olvidamos de que, en su tiempo, las obras teatrales de Shakespeare ni siquiera fueron consideradas literatura, y que, por ejemplo, las obras de Dickens fueron tenidas por “literatura popular”, lo que no impidió que pronto se convirtieran en “clásicos”. Cierto es que cuando un bestseller presenta una escritura descuidada, el reflejo de imposibles o anacrónicos hechos “históricos” acontecidos en una Roma que nunca existió, o en una insulsa Edad Media, o bien presentan una acumulación de teorías de la conspiración interpretadas por personajes planos, o unas intragables dosis de orientalismo barato tamizado de una concatenación de sentencias entroncadas con la mal llamada “Nueva Era”, todo ello sazonado con tramas estrambóticas, deslavazadas y enrevesadas, y finales decepcionantes, es difícil no estar de acuerdo con las opiniones de los citados colegas, escritores y periodistas, por mucho que dichos bestsellers posean un indudable valor sociológico y cultural digno de análisis.

En este sentido, creo que tanto académicos como lectores estarán de acuerdo en tildar El peón negro como una apoteosis del thriller político en la mejor tradición de la literatura popular occidental. Eugenia López Muñoz, a la que avala la heterodoxia y la amplitud de miras de sus diversos intereses profesionales y, seguramente, vitales, según cabe colegir de la breve enumeración de su trayectoria en la contraportada de la obra que comento, ha quintaesenciado los elementos más atractivos y relevantes del bestseller para ofrecernos una novela singular, que aúna, sin que chirríen en ningún momento, los principales ingredientes de una trama absorbente que cautivará sin duda a un amplísimo abanico de lectores, independientemente de su sexo y condición. El libro fascinará tanto como se convertirá, intuyo, en objeto de polémica, pues su tema es arriesgado y controvertido, con el trasfondo primordial de los atentados terroristas del funesto 11 de marzo de 2003 en Madrid. Como bien señala la autora en el epílogo a la novela (y se trata de toda una declaración de principios con la que coincido plenamente), “Todo parecido con la realidad es una coincidencia con lo real. La historia es lo que pasó y la literatura lo que podría haber pasado. La ficción y la historia interactúan con complicidad. No hay ficción que se construya sin un referente básico en la realidad. Por eso siempre hay una historicidad latente en el relato”. La historia, esa “pesadilla de la que quisiera despertar”, como decía Stephen Dedalus en el Retrato del artista adolescente de James Joyce, es en definitiva una construcción opinable de la realidad, y de ahí que, cuando está bien escrita, la historia es buena literatura, pues se trata de una disciplina, como todas las humanísticas, sujeta a una miríada de interpretaciones y exégesis. Por otra parte, no resulta fácil despertar de la pesadilla de la historia porque, queramos o no, vivimos bajo su égida y su influencia no nos puede resultar ajena.

Bajo el velo de la ficción, Eugenia López Muñoz nos presenta una de las múltiples visiones de lo que pudo ser y de lo que pudo ocurrir en un instante traumático de la historia de España. Para ello, apenas disfraza los nombres de periódicos, cadenas de radio, instituciones, personajes… que le resultarán reconocibles al lector avezado. Pero, en cualquier caso, lo realmente fundamental de El peón negro, más allá de la polémica de índole política y social que pueda suscitar, es que se trata de una magnífica novela, bien trenzada en todos sus aspectos estructurales y en su compleja cronología interna, cuya trama —poblada por numerosos personajes— se ubica además en una ingente cantidad de lugares que van desde Bagdad a la Estación de Atocha, pasando por localizaciones madrileñas, andaluzas, del País Vasco, marroquíes, neoyorquinas, etc., todas ellas integradas con una coherencia digna de encomio y, si me lo permiten, hasta de asombro. A todo ello se le suma una intriga amorosa, elementos de novela policíaca, de la literatura distópica, del “realismo sucio”, del cine-documento (leyendo la obra, se me venía a la cabeza la estructura impecable de JFK de Oliver Stone), del mundo de la política, del lenguaje periodístico… y de Internet, esfera que la autora demuestra conocer como la palma de su mano. Por si fuera poco, Eugenia López Muñoz hace gala de un estilo multiforme y proteico que se adecua a la narración de los hechos contados; su uso del diálogo, casi siempre tan artificioso en la literatura española, es fluido y dinámico. El libro está salpicado de frases memorables: “Pensar que los colaboradores serán leales en los momentos que más se les necesita es la fantasía de casi todo jefe. La realidad es que no. Y menos aún si el jefe está en la picota de otros superiores” (p. 496). Y, ante todo, la autora sobresale en el manejo de la sutil y suprema ironía que subyace a gran parte de su discurso narrativo.

En suma, El peón negro es el trasunto novelístico del más apasionante de los videojuegos, ámbito que cumple una función esencial en el devenir de la trama de la novela y en el que Eugenia López Muñoz se mueve como pez en el agua, dada su faceta de escritora de guiones para dicho medio, que, no lo olvidemos, es el que está marcando, mucho más que la lectura (¡qué más quisiéramos que fuera de otra manera!), a la generación actual, con todas las consecuencias que ello pueda tener. Recomiendo, pues, encarecidamente el disfrute de esta excelente novela, que es paradigma de lo que en inglés se denomina page turner: una obra cuyas páginas estamos deseando volver  para saber qué sucede en la siguiente, pues Eugenia López Muñoz maneja con extraordinaria soltura los mecanismos del suspense narrativo. Se trata de una de esas novelas que ansiamos terminar para ver cómo acaba, al tiempo que nos apena cerrarla definitivamente, surgiendo en nuestro interior esa sensación de extraña nostalgia por el disfrute perdido. Para muchos lectores el libro será, cuanto menos, un atrayente entretenimiento; para otros, un motivo de encendido debate. En no pocos surgirá un escalofrío ante la inexorable certeza, de que existen fuerzas ominosas ajenas a nosotros que nos dominan y controlan, para las que no somos más que oscuros peones de una partida de ajedrez amañada. Con El peón negro, el thriller español alcanza su indiscutible madurez, iluminando el insípido panorama actual de la novela en nuestro país. No se lo pierdan.

Antonio Ballesteros González, Profesor Titular de Literatura Inglesa (UNED)

 

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